lunes, 13 de julio de 2009

XEFC, La Voz en Yucatán desde Mérida‏

recuento puntual de lo más relevante de la radio en Yucatán durante siete décadas, esencia y contenido de esta obra editorial, que coordinó durante más de diez meses Gaspar Gómez Chacón, nos hace confirmar nuestra herencia y principios, y aceptar el compromiso de ser mejores para contribuir al desarrollo de la sociedad yucateca. Luis Alberto Rivas Aguilar. Director General.

Guadalupe Subiria Duarte
–La historia de la radio en Yucatán es algo más que una relatoría de los acontecimientos que marcaron el desarrollo de un medio de comunicación en el Sureste mexicano, pues por mucho es también un termómetro que da cuenta de algunos cambios en la sensibilidad regional –narra con nostalgia don Luis Alberto Rivas Aguilar.
Con la presentación del libro “XEFC, la voz de Yucatán desde Mérida. 78 años difundiendo cultura en Yucatán”, se cierra la trilogía que incluye los títulos: “La voz que bajó del cielo” e “Historias de Familia y otros relatos”, realizada por el conocido empresario yucateco.
Esta más reciente obra abarca la historia de los hombres que no sólo trabajaron por la radio sino que sentían un verdadero amor y afición por las transmisiones; relata la existencia de clubes, incluyendo uno que publicó en 1923 la revista RADIO. Esa publicación especializada fue la primera en su género que circuló en nuestro país y era el órgano de la Agrupación de Aficionados Radiotelegrafistas de Yucatán, cuyo presidente fundador fue el ingeniero Manuel Medina Peralta.
Describe como la creación y consolidación de la XEFC, empieza en Yucatán un proceso de activación de la industria radiofónica.
–La radiofonía es la raíz sonora de una forma novedosa de soñar, cerrando los ojos y abriendo los oídos –afirma el autor.
Fue el 23 de julio de 1930 cuando dieron comienzo las primeras transmisiones de la XEFC, “La voz de Yucatán desde Mérida”, en una casa-quinta propiedad del Lic. Liborio Marín Carrillo; después de dos años de emisiones que evolucionaron de la improvisación al éxito, el Ing. Julio Molina comienza los trámites necesarios para obtener los permisos federales de operación. De esta manera, el 24 de julio de 1932, se conceden los registros legales para la emisora XEFC, formaliza la existencia de la primera estación radiofónica de la península. Muy pronto la XEFC hizo populares muchos de sus programas como: La Hora del Teléfono Libre, Bajo el Cielo de México, Zarzarol Galais, Sones y Danzones, Fiesta en mi Pueblo, entre otros.
Luis Alberto Rivas Aguilar
“Muchos sentimientos, muchas historias vividas… de tal suerte que me ha tocado heredar esta profesión y me ha hecho vivir”, así describe don Luis Rivas su paso por la XEFC, una historia de vida que se ha transformado en letras, el legado radiofónico para una nueva generación de locutores y comunicadores.
–Yo creo que hay pocos hombres que puedan decir que han tenido tantas vivencias como un servidor, todo se lo debo a la radio–, en su libro cuenta como siendo un joven de 12 o 13 años, fue llamado por su padre Rafael Rivas Franco para que trabajara como telefonista de la XEFC ya que la recepcionista habitual Aurorita, no podía cubrir el turno completo, así que de 12 a 2 de la tarde y de 6 a 10 de la noche, el pequeño Luis hacía sus tareas en el escritorio a las puertas de la estación donde, de cuando en cuando, se escuchaban sus réplicas cuando algún radioescucha le decía al teléfono ¿señorita?... ¡no!, soy joven… respondía molesto.
Poco después comenzó a participar en los controles remotos, aprovechando que era un joven ágil y delgado, era el encargado de trepar a los postes con el cable atado a la cintura para tirar la línea telefónica con la que se haría el enlace, ya que el teléfono más cercano casi siempre estaba a 100 o 200 metros; eran verdaderas odiseas.
–Fui radio operador, discotecario, incluso barrendero cuando la XEFC estuvo en la Casa de los Chinos en la calle 64. Aún me acuerdo de los días de lluvia cuando se inundaba y su servidor empujaba el agua con una escoba y después a secar el piso –señala con nostalgia.
-Cuando había programas en vivo había que poner las sillas, a veces los muchachos locutores me mandaban a comprar sus refrescos, todo el día cargando micrófonos de cabina en cabina… ¡qué cosas no hice!, de todo lo que se hace en una estación –relata.
A la edad de 16 años, don Rafael Rivas llevó a su hijo por primera vez a la Ciudad de México y sin perder la oportunidad visitaron a la señorita Cortés… –hermana del General Cortés que era el encargado de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas de esa época, y además la responsable de realizar los exámenes de locutores–, quien te entregaba una serie de textos para estudiar. Había que pronunciar en inglés, francés, alemán, italiano ya que nos encontrábamos en la época de la guerra y los noticieros necesitaban pasar sus reportes. Todas esas cosas las viví, viví plenamente la radio –narra con emoción.
En especial recuerda una triste anécdota: la transmisión del 15 de abril de 1957 (incluida en el libro “La voz que bajó del cielo”), señalando que a las 6 en punto el locutor mañanero iniciaba su transmisión, unos momentos más tarde el teléfono 24–10 sonaba insistentemente por lo que tuvo que interrumpir la lectura de las noticias titulares de los periódicos locales, “Señor locutor… un avión de Mexicana cayó cerca de mi casa y hay muchos muertos y heridos… por favor, llame a la policía, pida ayuda…” –se escuchó del otro lado de la línea.
Tras confirmar la noticia, Luis Rivas Aguilar acudió a don Fernando Sarlat y juntos, con 50 metros de cable, rollos y rollos de cinta y una planta de energía, acudieron al lugar de los hechos, en la calle 54 x 87 del centro.
“La enorme hoguera en la que se quemaban lo mismo restos de pasajeros, que de vecinos de la zona, mezclados con cajas de pescado, podía verse desde lejos, además… el olor…era tremendo”.
–Alguien me daba cuenta de cuántos vecinos estaban heridos y cuántos muertos cuando llegó la camioneta de carga con las siglas de la línea aérea TAMSA… fornidos cargadores lloraban como niños: ¡Resulta que ahí iba Pedro Infante!... que lo ayuden, ¡es Pedro Infante!, entre el público, a duras penas contenido por la policía, surgieron gritos, desmayos, ataques…
-Yo, difícilmente pude continuar con mi narración al aire…–reflexiona con cierta tristeza.
Esta y otras historias así como un invaluable archivo fotográfico de la XEFC y otros escenarios de la Historia de la Radio en el mundo, el cual revivió gracias al trabajo de la señora Gabriela Castilla de Gómez, se puede encontrar en “XEFC, la voz de Yucatán desde Mérida. 78 años difundiendo la cultura en Yucatán”. Lectura obligada de ahora en adelante para locutores, comunicadores y estudiantes.
Fuente: La Revista Peninsular
www.larevista.com.mx
Via Yimber Gaviria, Noticias de la Radio
http://yimber-gaviria.blogspot.com

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